D.A.F.O. PERSONAL: ¿Qué es y para qué sirve?

Hace casi dos años creaba este D.A.F.O. para una de mis clases:

DAFO Personal

DAFO Personal

Creo que tardé como 5/6 tardes en conseguir encontrar las palabras concretas para llenar cada uno de los huecos y aún así no terminé muy contenta del resultado. Pero…

¿Qué es un DAFO?

Como definición general diríamos que un DAFO, FODA, DOFASWOT en ingles es básicamente un estudio de las 4 características principales (internas, externas, positivas y negativas) que podemos encontrarnos en una persona, empresa, producto o servicio y/o proyecto.

Yo me centraré en el tema personal como ejemplo, pero conforme vayamos avanzando en el tema veréis como es muy fácil aplicarlo a empresas, proyectos, productos, estudios, etc…

El DAFO divide las características principales a estudiar en 4:

Internas y positivas: FORTALEZAS

Son tus cualidades o habilidades, ya seas una empresa, proyecto, producto, trabajador o persona individual. Estas te definen de forma positiva, son aquellas cualidades en las que debes centrarte y potenciarlas al máximo ya que es aquello en lo que eres el mejor y el único.

Internas y negativas: DEBILIDADES

Siguen siendo tus cualidades o habilidades, pero te definen de “cierta forma” negativa: son aquellas cualidades o habilidades en las que debes mejorar o superarte. Pueden ser miedos, actividades en las que no eres muy bueno (y por lo tanto existen personas mejores en ese área) o bloqueos que te impiden avanzar.

Externas y positivas: OPORTUNIDADES

No son modificables como las cualidades o habilidades propias ya que vienen del exterior, pero en cierta manera vienen “influenciadas” por las características internas positivas y negativas: son las circunstancias favorables que nos encontramos en la vida que dependen directamente de las características internas positivas y negativas, ya sea si las sabemos aprovechar o no.

Externas y negativas: AMENAZAS

Tampoco son modificables como las oportunidades por provenir del exterior: son aquellas circunstancias negativas que nos impiden acercarnos a nuestro objetivo. Pero como veremos más adelante, no son totalmente negativas: depende de nosotros y de nuestras características internas si las usamos como una barrera o aprendemos a sortearlas o saltarlas.

¿Para qué sirve?

Los DAFOS nos ayudan a evaluar mejor una situación concreta, mejorar nuestras capacidades, darnos cuenta de los errores cometidos o tomar decisiones frente a un problema concreto. Se pueden usar tanto para temas empresariales: proyectos, toma de decisiones, creación de nuevos productos, equipos de trabajo, instalaciones, nuevos mercados, mejoras internas en la producción o distribución, etc…; como para temas personales: búsqueda de empleo, elegir los estudios a cursar, mejorar tus habilidades, potenciarlas, etc…

Nos ayudan a mejorar aquellos aspectos negativos internos que nos bloquean y a aprender a sortear los externos que nos encontramos en el camino. Pero además, nos enseñan cómo somos según nosotros mismos y cómo nos ven los demás (lo veremos más adelante, os lo prometo) que con frecuencia suelen ser ideas bastante diferentes.

¿Y ya está?

Por supuesto que no: la idea de crear un DAFO no debería basarse sólo en tomar decisiones o cambiar aspectos de nuestra vida: debería ser un reto personal en el que profundizar para poder mostrar la mejor versión de nosotros mismos.

Los DAFO nos ayudan no sólo de forma interna sino también externa. Mejoran las situaciones a nuestro alrededor y por lo tanto, influyen en todo aquello que tocamos:

Si somos una persona: Un DAFO tendrá en cuenta a nuestra familia, puesto de trabajo, transportes públicos y privados, estudios realizados, compañeros de trabajo, clientes, proveedores y prestadores de servicios, jefes, entidades públicas, gustos, amigos, aficiones, etc…

Si lo realizamos para un proyecto: Un DAFO tendrá en cuenta el motivo del proyecto, el subvencionador, los plazos de entrega, los materiales a usar, el personal interno y externo, los costes, la formación necesaria para llevarlo a cabo, etc…

Si somos una empresa o lo realizamos para un producto o servicio: Un DAFO tendrá en cuenta a los trabajadores, clientes, proveedores y prestadores de servicios, administraciones públicas, entidades financieras, productos y/o servicios, empresas de la competencia, empresas colaboradoras… Y así hasta tener en cuenta cada una de las áreas que nos rodean.

¿Parecía fácil?

 Pues va a ser que no…

Por este motivo he decidido hacer un DAFO personal anual, pero esta vez dando cada uno de los pasos que creo que serían los correctos a la hora de definirte ya seas un estudiante, una persona buscando empleo, un trabajador en activo o una empresa y/o organización.

Próximamente podréis encontrar una saga de post explicando el proceso de creación de vuestro propio DAFO personal, así que estad atentos a los próximos post!

Nos vemos en el siguiente post, te espero!

¿Incentivas o “sobornas” a tus trabajadores? 10 trucos para averiguarlo

Afortunadamente conocí a una profesora en bachillerato que me enseñó lo suficiente como para entender que existe una gran diferencia entre las palabras “incentivo” y “soborno”.

Habitualmente, cuando hablamos de incentivar a los trabajadores, se nos viene a la cabeza siempre lo mismo:

SUBIRLES EL SUELDO

No podemos olvidar que, para conseguir esos incentivos, los trabajadores deben superar grandes expectativas que en la mayoría de los casos no se cumplen; ya sea porque no son alcanzables de una forma realista o porque requieren tal sobre-esfuerzo por parte del trabajador que este no está dispuesto a “sacrificarse” a cambio de ese incentivo.

Dejar como apunte que, cuando hablamos de “incentivos” nos referimos (me refiero) a motivar a los trabajadores de distintas formas para que alcancen una satisfacción personal y laboral plena.

Desgraciadamente los incentivos para aquellos que reúnen los requisitos y que son aplicados por las empresas se centran básicamente en lo siguiente:

  • Mayor sueldo: Un aumento de sueldo suele ser el incentivo por excelencia a la hora de buscar un trabajador de un nivel superior.
  • Ascenso o categoría superior: Elevar la categoría profesional del trabajador (con el correspondiente aumento de sueldo) o ascenderlo a un puesto superior suele ser otro de los incentivos que se aplican para aquellos trabajadores que reúnen los requisitos del puesto a cubrir.
  • Un lugar de trabajo mejor acondicionado: Todos queremos tener un despacho propio pero, en los últimos años, con el “boom” de la reducción de costes mal hecha, las empresas cada vez exprimen más los metros cuadrados de sus instalaciones por lo que es frecuente que se tenga que compartir despacho con 1 o más compañeros. Por ésto mismo, disponer de un despacho propio es un incentivo que algunas empresas aplican a sus mejores trabajadores.
  • Plaza de aparcamiento en el centro laboral o alrededores: Quizás no sea tan común en España, pero en muchos países es frecuente que tengas tu propia plaza de aparcamiento como incentivo (sea gratuita o no).
  • Reciclaje profesional: Cursos, seminarios, formación online; otro método que debería ser un “incentivo” (un trabajador mejor formado, está más seguro de si mismo y trabajo de forma más eficiente) y que no es otra cosa que una excusa para mejorar la formación de sus trabajadores para contratar menos personal.
  • Cheques, vales y otras actividades: Hace no mucho, una compañera me comentaba que su empresa “incentivaba” a sus trabajadores (les pagaba el trabajo extra realizado, en realidad) con cheques regalo o bonos viaje que ellos mismos recibían como regalo de sus clientes.

El problema que nos encontramos en la mayoría de casos es que ¡por supuesto! que un trabajador necesita un mayor sueldo (¿y quién no?), pero es sencillamente porque no tienen cubiertas ciertas necesidades básicas.

Me vais a perdonar, pero la “Jerarquía de las necesidades humanas” de Maslow no me convence nada y os diré por qué: una persona puede tener mucha confianza en sí mismo y el reconocimiento de los demás, pero estar muy enfermo y no tener cubierto ese escalón de la pirámide. Por eso mismo, defiendo encarecidamente la exposición de Frederick Herzberg en su “Teoría de los dos factores”: existen ciertos factores (de higiene) que deben estar cubiertos antes de que podamos hablar de incentivos motivacionales como tales.

En estos casos, el trabajador necesita un mayor sueldo para compensar ciertos aspectos básicos de su vida que deberían estar cubiertos y es ese “aumento de sueldo” el que suple esas carencias, que según Herzberg deberían estar cubiertas (Factores de Higiene) y sólo cuando estas están cubiertas es cuando podemos pensar en incentivar a nuestros trabajadores de forma activa.

¿A que no me habéis entendido? Lo sé, es complejo a la hora de explicar y por lo tanto es normal que no se entienda, por lo que os pondré un ejemplo:

Imaginad que me ofrecen 50€ más de sueldo al mes por llevar un proyecto que requiere un sobre-esfuerzo y lo acepto: sin embargo, mi puesto de trabajo no cumple con las normas mínimas en Prevención de Riesgos Laborales; por ello acabo teniendo dolor de cuello, tengo que ir a un fisioterapeuta para que me lo quite, tomar medicación y mientras tanto no duermo bien y por lo tanto no descanso lo suficiente… Creéis que si me aumentan 50€ en el sueldo cada mes como incentivo, ¿voy a motivarme para trabajar mejor y más eficientemente? Seguramente no sólo utilizaré esos 50€ para el tratamiento sino que tendré que sacar dinero de mi propio bolsillo para mejorar mi salud por un problema que me está ocasionando mi propio puesto de trabajo. Ahí es donde Herzberg da en el clavo:

Si quieres que tus trabajadores trabajen de forma más eficiente, cubre primero sus necesidades básicas (Factores de Higiene – Herzberg) y después dedícate a motivarles con un mayor sueldo o lo que te de la gana.

Por eso me gustaría recomendarte ciertos aspectos y actitudes que pueden ayudarte a reconocer si realmente estás incentivando a tus trabajadores o lo que haces es sobornarlos con un mayor sueldo para que trabajen más (¡que no mejor!) en un entorno inadecuado.

1. Preocúpate por tus compañeros de trabajo:

Es importante recordar que tus trabajadores son tus compañeros de trabajo, no tus subordinados. No te pido que te preocupes por su vida privada, pero si el trabajador nota que forma parte de un equipo en vez de trabajar para otros, su autoestima aumenta y mejora su productividad.

2. Crea un entorno agradable:

Si tu colchón fuera muy viejo, tuviera bultos y chirriara ¿podrías dormir en él? Sé que hay toda una lista de posibles indicaciones (basadas en la reducción de costes) que dicen que hay que invertir el mínimo en tu empresa.

¡FALSO! ¡FALSO! ¡MUY FALSO!

Al contrario, cuanto más inviertas en el personal de tu empresa más beneficios tendrás. Un trabajador en condiciones favorables de trabajo siempre trabaja de forma más eficiente, que no se te olvide, así que invierte un poco en su mobiliario, mantenimiento de su entorno, materiales de uso y sobre todo, hazte un favor y descárgarte la Ley de Prevención de Riesgos Laborales española y léetela cuando puedas por tu bien y el de tus trabajadores.

3. Escucha a tus compañeros:

La falta de comunicación es una de las principales causas del mal funcionamiento de los equipos de trabajo. Es muy posible que te encuentres en la situación de que aún queriendo atender a las demandas de tus trabajadores, no puedas hacerlo por razones más que justificadas, sin embargo, es importante que les hagas sentir que sus demandas son escuchadas, aunque no puedas llevarlas a cabo en ese mismo momento.

4. Crea un buzón de sugerencias:

Tener un buzón de sugerencias es una excelente forma de habilitar un lugar neutral donde tus trabajadores puedan comunicarse contigo sin tener miedo a represalias. Puedes crearlo de forma online por medio del email, pero éste obliga al usuario a identificarse obligatoriamente, así que no la recomiendo como opción. Sin embargo, puedes crear un foro interno donde no sea necesaria identificación alguna para opinar o lo que más me gusta: un buzón real en la propia oficina donde cualquiera pueda colocar medio folio lleno de ideas, recomendaciones y/o soluciones cuando nadie lo esté mirando.

5. Presta atención a sus ideas:

A veces estamos tan convencidos de que nuestra idea es la mejor que hacemos oídos sordos al resto del Universo. Recuerda que estar dispuesto a escuchar nuevas ideas o recomendaciones es una actitud positiva que mejora la relación de los equipos y por lo tanto del entorno laboral. Algo que siempre recomiendo es que si no vas a usar dichas ideas, no te sirven para tu negocio o te parecen erróneas, al rechazarlas des una explicación “amable” de por qué no vas a usarlas. Recuerda: Es importante tener una actitud positiva hacia tus empleados para que el reflejo de esa actitud sea recíproco en su trato hacia ti.

6. No cargues contra tus empleados tus propias frustraciones:

Si la empresa no funciona, si algo va mal en ella o si estas teniendo más perdidas de las que deberías, te lo digo desde ya: no es culpa de tus trabajadores, es tuya. Ellos trabajan contigo pero eres tú el que debe liderarlos hacia los objetivos marcados. Todos tenemos defectos, yo la primera, pero si cargas tus miedos y frustraciones contra tus trabajadores acabarás obteniendo el efecto contrario: trabajadores insatisfechos o lo que es peor: trabajadores incapaces de expresar sus ideas (y seamos egoístas: si esas ideas fueran geniales o la única tabla de salvación de tu empresa y se quedan en el aire… ¡ERROR!)

7. No des tu opinión en venganza por la suya:

Algo que me ha ocurrido recientemente es que me pidan mi opinión en el trabajo y si no les ha gustado mi respuesta, carguen contra mí dándome su opinión sobre mi forma de ser de forma negativa… En esos momentos como trabajadora que era mi único pensamiento fue: ¿Y a mi que me importa tu opinión? ¿Es que te la he pedido? ¿Esto es una venganza contra mi persona (cuidadito con meternos en el área personal de nuestros trabajadores cuando estamos hablando de temas laborales…) porque mi comentario, que TÚ me has pedido, no te gusta? ¿Por qué tengo que escuchar a mi jefe decirme lo que no le gusta de mi cuando yo ya sé mis propios defectos y el me contrató con la probabilidad de que éstos apareciesen en algún momento de la relación laboral?

Cuando pides la opinión de alguien estás aceptando la condición de que lo que te digan no te guste, pero tienes dos opciones: ignorarlo o hacer algo al respecto y cuando el río suena… Jajaja.

8. No uses frases amenazantes y/o negativas en el entorno laboral:

A veces, sin querer, decimos ciertas frases en el entorno laboral que podríamos habernos ahorrado desde el mismo momento en que aparecieron por nuestro cerebro, vamos a ver algunos ejemplos:

  • Pasa, siéntate y cuéntame tu versión.

Esta frase me encanta, sobre todo por la falta de confianza en el trabajador y el tono de superioridad que denota por parte del jefe. Pensamiento del trabajador: Mi jefe no confía en mi y si no confía en mi, ¿cómo voy yo a confiar en él? Algo que creo que deberían de aprender este tipo de personas es que las versiones no existen, sólo los puntos de vista y que cuando alguien decide opinar sobre algo lo mínimo que puedes hacer es escucharlo abiertamente sin crearle la sensación de que está siendo juzgado o que no tiene razón y ya luego, tomar todos los argumentos posibles de todas las partes y hacerte una idea propia (para ti y que a nadie le importa).

  • Estamos muy contentos contigo, pero…

A ver, o estamos o no estamos, pero no me vengas con medias tintas que todos conocemos cómo acaba la frase… ¡Ni peros ni PERAS! Vuelvo a los mismo que comentaba en el truco 7 y que tocaré en el siguiente truco: Un trabajador no es una persona perfecta, significa que tiene cualidades excepcionales y otras que seguramente no te gusten. Aprende a lidiar con ambas, si no es la persona que deseas para el puesto, despídela y busca a otra. Pero te advierto una cosa, mezclar temas personales con profesionales jamás ha funcionado, si es un buen trabajador y además te da beneficios, lo mejor que puedes hacer es aprender a lidiar con lo que no te gusta de él (como harías en tu vida personal).

  • Vamos a elevar tu categoría o aumentarte el sueldo, sin embargo…

No, sencillamente, no. Si vas a elevar su categoría (volvemos a lo mismo del ejemplo anterior) es que se lo merece; si le vas a aumentar el sueldo es que se lo merece. Si tienes que decirle algo que no te gusta de él en su trabajo, es mejor hacerlo antes y si cambia su forma de trabajo o sus vicios adquiridos en otras empresas, súbele el sueldo o eleva su categoría. Pero mezclar temas en una reunión de trabajo (Nota informativa: te recuerdo que no eres perfecto, por si a éstas alturas se te había olvidado, sino, pregúntale a tus padres que seguro te sacan como 2000 defectos en 15 segundos) no es lo mejor para mantener a tus trabajadores motivados.

  • Deja de quejarte (sobre algo que es cierto), los jefes están molestos con tu actitud.

Que el trabajador está en desventaja es algo que todos conocemos. Se “supone” que es la parte débil de la relación (no estoy nada de acuerdo con eso pero creo que merece un post completo). Pero vuelvo a lo mismo de antes, cuando lo contrataste y durante el periodo de prueba debiste asegurarte de que era la persona que buscabas. Que un trabajador se queje (partimos de la base de que sus quejas están fundamentadas y son ciertas) no es más que otra motivación para mejorar las cosas, no un ataque personal. Ahora… Cuando TÚ lo conviertes en un ataque personal porque sabes que lleva razón, tenemos un problema y gordo con el JEFE y no con el trabajador.

9. Recluta al candidato adecuado:

Como comentaba en el truco 8, el proceso de reclutamiento y selección de personal a veces deja mucho que desear. Se buscan cualidades, habilidades y formación en el candidato que quizás no encajan realmente con el puesto a desempeñar. Os pondré un ejemplo:

Si necesito personal para la sección de impagos seguramente estaré pensando en una persona que se encargue de reclamar los pagos a los clientes con cierta formación en temas legales (derecho mercantil, por ejemplo).

Sin embargo hay muchas cosas que el reclutador se deja en el tintero: que sea enérgico y a la vez, conciliador con los clientes; que sea capaz de soportar la presión de su trabajo; que tenga una actitud positiva con sus compañeros en un entorno tan negativo (como es el caso de los impagos); que no cargue sus frustraciones (de su frustrante trabajo) con ellos, etc…

Si volvéis a leer la primera parte es posible que por la descripción os imaginéis a alguien serio vestido con traje de chaqueta, sin embargo, cuando pienso en algo como un cobrador de impagados, pienso en alguien que busque soluciones, que sea amable, que tenga una paciencia infinita, que sea capaz de llegar a acuerdos que satisfagan a ambas partes y que, no necesariamente, vista de traje…

Buscar al candidato perfecto es difícil, a veces una carrera contrarreloj que parece imposible; pero recuerda que no hay prisa en encontrar al mejor candidato cuando estamos hablando de la fuerza de trabajo de tu empresa (que al final se traduce en… ¡BENEFICIOS!)

10. Dales cierta autonomía:

Cuando me ofrecen un trabajo, lo primero en lo que me fijo es en el puesto donde voy a pasar un tercio del día y en la autonomía que me dan. No pienso en el sueldo. El sueldo sería mi ¿4ª, 5ª opción? Es cierto que debido a la situación que estamos atravesando muchas veces el trabajador tiene que acogerse a trabajos que dejan mucho que desear (trabajador infeliz = NO BENEFICIOS) pero sigo pensado que cuando eres bueno en lo que haces y tienes la actitud correcta las oportunidades llegan (tarde o temprano).

Si eres el jefe y tienes trabajadores, uno de los puntos que más les motivan es tener cierta autonomía donde puedan operar por ellos mismos. ¿Significa eso dejarlos de la mano de dios y que se busquen la vida? No, por supuesto que no, para eso estás tú: para guiarlos cuando lo necesiten. Pero mi idea de Jefe tira más hacia un consejero con apoyo moral que un dictador que establece las normas a seguir, que quieres que te diga.

Si estás leyendo esto y eres un trabajador, es muy posible que al leerlo pienses: Si ya, eso está muy bien en teoría, pero luego… Ahí es donde quiero ir a parar, hagamos que no sea una teoría, hagamos que sea (poco a poco) una práctica común.

Sin embargo, si estás leyendo esto y eres un jefe, enhorabuena, significa que te importan tus trabajadores, por lo que te pido que si te has dado cuenta de que estabas sobornándolos, cambia de actitud y si los estabas incentivando, felicidades, eres un jefe genial!

Nos vemos en el siguiente post, te espero!

¿Cómo convertir una mala idea de negocio en un excelente plan de empresa?

Definición “propia” de plan de empresa: Planificación exhaustiva y absurda de elementos que son variables en el tiempo y que tan sólo lee 1 de cada 1.000 inversores (el resto se quedan dormidos en la 4ª hoja…)

Se confirma: no me gustan nada los planes de empresa. Al menos, no la idea general que tenemos de ellos… Me gustan los business model canvas: me gustan los tableros llenos de post-it y las libretas llenas de apuntes e ideas. Me gusta el caos de no saber a lo que nos vamos a enfrentar mañana y de no medirlo todo al milímetro.

Soy un alma creativa, ¡qué le vamos a hacer!

Pero cuando nos enfrentamos a una nefasta idea de negocio (propia o externa) y aún así, hay que desarrollarla lo mejor que se pueda, es posible que pasemos por las siguientes fases:

1ª. Negación: Yo no elegí esto y no quiero hacerlo. ¡ME NIEGO!

2ª. Enfado e indiferencia: No quiero hacerlo y no me importa.

3º. Resignación: No me importa, pero no me queda más remedio.

4º. Negociación: No me queda más remedio, así que vamos a hacerlo.

5º. Ánimo: Ya que vamos a hacerlo, que salga lo mejor que se pueda.

6º. Autoconfianza: Yo puedo con eso y más, así que vamos a hacer el mejor plan de empresa!

Y cuando acabas y lo presentas, te pones a hibernar durante una semana entera porque acabas vacía y sin alma. Jajaja. Es broma. Pero estoy segura de que alguno de vosotros habéis pasado por alguna de éstas fases (o todas) en algún momento de vuestra vida y sabéis de lo que hablo…

Lo cierto es que por mi experiencia, no hay nada peor que trabajar en un proyecto en el que no crees. No importa por dónde lo cojas: ni se atiene a la realidad ni tiene sentido en sí mismo (ni aquí ni en ningún lugar paralelo donde poder desarrollarlo).

¿Y ahora qué hacemos?

Porque he estado donde tú estás ahora mismo y seguramente lo volveré a estar en el futuro; se me ocurrió que podría darte algún que otro consejo para que frente a la misma situación puedas desarrollar tu trabajo de la mejor manera antes de ¡mandarlo todo a freír espárragos!(o croquetas, ummmm, croquetas…)

  • No te desanimes: Lo sé, cuando tienes ante ti una mala idea es muy difícil encontrar algo que te motive, pero recuerda: estoy aquí contigo, pasé por donde tú y sigo vida, así que no te desanimes, ¡acabamos de empezar!
  • Intenta darle todas las vueltas posibles a la idea: Las ideas, como todo en esta vida, tienen las horas contadas a no ser que las traigas a tu terreno; por lo que siempre es posible que reinventes esa nefasta idea en algo interesante y viable si le das la vuelta hacia todas las posibilidades que se te ocurran (Brainstorming o lluvia de ideas).
  • Si la idea está muy estructurada y es inamovible, intenta negociar las variables adjuntas con su correspondiente justificación: Algo que me ocurre a menudo cuando me entregan un plan que no tiene por dónde cogerlo lo mires por donde lo mires; es intentar negociar variables pequeñas (financiación, trabajadores, distribuidores, proveedores, clientes, entorno competitivo, plan financiero, etc…) que quizás a simple vista para el cliente no parezcan importantes, pero que pueden convertir una mala idea en un plan de empresa mucho más razonable.
  • Crea un entorno empático con el cliente para que deposite su confianza en ti: Se supone que ésto ya estaba implícito desde el principio, ¿verdad? Pues no. La mayoría de los clientes te confiarán sus ideas, sus esperanzas de éxito y sus proyectos, pero crear un vínculo de confianza con el cliente requiere de la voluntad de ambas partes y de tu bendita y resignada paciencia con ellos.
  • Lee hasta que se te caigan los ojos: Bueno, quizás no tanto, jajaja. Pero como he dicho anteriormente: ¡La información es poder! Quizás encuentres algún camino distinto que tomar o alguna idea/temática que pueda complementar la idea principal y hacerla más atractiva. Todo depende del cliente al que te enfrentes (mira como lo he dicho, ¡ENFRENTES!), pero si utilizas esa información para argumentar los posibles cambios y has generado suficiente confianza en el cliente, podrás traer el plan a tu terreno con mayor facilidad.
  • Rodéate de los mejores (si puedes…): Si trabajas solo, tener buenos colaboradores que te quiten trabajo y no te sumen cargas innecesarias siempre es un acierto, pero cuando trabajas junto a otros obligatoriamente y éstos suponen una carga para ti… ¡MALO!

Un par de consejos:

  • Trabajar con otros no significa trabajar todos en todo, da autonomía a los demás igual que tú quieres tener la tuya y reparte las tareas del proyecto según sus cualidades y aptitudes.
  • Infunde respeto y ánimo entre los tuyos: Lo que en casa comúnmente llamamos un “tira y afloja”. Diles lo que tienen que hacer, pero anímales a hacerlo en un entorno sin estrés dentro de los plazos de entrega obligatorios. Ofrécete a ayudarles y proporciónales los materiales que creas que pueden hacer de la idea un proyecto válido; pero no cargues tú con todo el trabajo. Ofrece tus opiniones si te las piden; si no estás seguro de algo, reenvía a vuestro supervisor o jefe y hazle partícipe (al jefe o jefa) de todo lo que acontezca en el equipo durante la creación del proyecto.

RECUERDA: Son tus compañeros, no el enemigo…

  • Se razonable frente a las demandas del cliente y si no puedes con ello, rechaza el proyecto: No cargues con cosas que sabes de antemano que no podrás realizar, por mucho que te guste o quieras participar en ello. A veces, un NO a tiempo evita males mayores.
  • No culpes a los demás por lo que no eres capaz de hacer por ti mismo: Siento decirte que si es tu trabajo, te vas a encontrar con 99 ideas de negocio tremendamente malas frente a 1 que parezca medianamente buena. Tú eres el experto (o experta) por lo que si el proyecto no funciona la culpa será tuya aunque la idea de negocio sea imposible de llevar a cabo, así que: “agárrate los machos” y trabaja duro para que ese proyecto imposible se convierta en algo estupendo; al fin y al cabo, lleva tu marca y si eres tan estupenda (o estupendo) en tu trabajo como creo, estoy segura de que lo conseguirás.
  • No tengas miedo al fracaso: Si algo va mal en tu proyecto o no sale como esperabas, no te preocupes (lo sé: del dicho al hecho…) Se necesitan al menos ¿25/50? pruebas de ensayo y error para conseguir algo bueno, así que si estás pensando que fracasaste porque algo salió mal y el proyecto no salió adelante, no desesperes. Analiza lo que ocurrió: si fue culpa tuya o de tu equipo, no volverás a fallar en eso la próxima vez y si no lo fue, acepta que hay cosas que no podemos controlar y que a veces, ganar no es posible.
  • Enfréntate a tus peores miedos (por tu propio bien): Como decía antes, la mayoría de las ideas de negocio son nefastas hasta que alguien llega y les da la vuelta. Así que no te desanimes. Seguramente pasarás por todas las fases antes de comprender que eres tú el que tiene que ” tirar del carro” o de la idea de negocio para convertirla en algo espectacular, así que no tengas miedo. Ésto le ocurre a miles de personas cada día, lo que pasa es que no lo van contando por ahí…

Por último, me gustaría recordarte algo:

No importa la idea, sino lo que hacemos con ella. 

 

Nos vemos en el siguiente post, te espero!

¿Perdido? ¡Ponga un Coach en su vida!

“Algo tiene que estar muy mal en el mundo si necesitas pagarle a un desconocido para que te ayude a conseguir lo que quieres en la vida.”

Realmente no podría deciros si esta frase es de otra persona o mía propia, pero si lo es… ¡”Cucha” que cosas tan curiosas se me ocurren de pronto!

Hace no mucho tuvimos “obligatoriamente” que asistir a un curso de 10 horas sobre liderazgo en emprendedores. El título no me llamaba mucho la atención pero que era obligatorio ir, lo era. A veces no se trata de que quieras hacerlo o que no tengas otra opción sino de que tu sentido común y tu responsabilidad te obligan a hacer cosas que tu cerebro definitivamente no acepta.

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El Coach es esa persona que nadie sabe muy bien como definir qué hace pero que supuestamente te ayuda a saber cuales son tus objetivos y cómo alcanzarlos. Y para que ésto se cumpla debe sacarte de tu zona de confort… Y ahí es donde el coaching y yo no nos llevamos bien. Que noooo, que mi zona de confort está muy bien, es calentita, me siento feliz, cómoda, alegre… ¿por qué debería salir?

Pues si, definitivamente cada vez me sacan o me toca sacarme con más frecuencia y claro, mi cerebro me boicotea y al final acabo haciendo algo que no me gusta, cansada y de broncas con mi propio cerebro.

Y es que no se le podría ocurrir a nuestro queridísimo Ministerio de Educación otra cosa que fomentar el emprendimiento desde las aulas, por lo que “por las mismas de antes” me llevo comiendo horas y horas de emprendimiento cuando una, definitivamente, se niega a ser emprendedora en algo que no suponga algo más que cambiar su forma de trabajar; por ejemplo, pasar de subrayar en amarillo fluorescente a rosa “fosforito”.

Y es que en los últimos años el fomento del emprendimiento parece ser la única opción a salir de la situación nefasta en la que nos encontramos y como siempre, los españoles cogemos el camino más fácil y en vez de fomentar el empleo de calidad, alentamos a nuestros estudiantes a que monten su propio negocio en vez de enseñarles a potenciar sus cualidades para destacarlas por encima del resto. ¡Así es este país!

Pero vayamos al tema en cuestión que es de lo que se trata…

El miedo es algo que nos inculcan desde pequeños, los temores de nuestros mayores se vuelcan en nosotros de forma casi imperceptible hasta hacernos tener miedo de nuestra propia sombra…

Pero no puedes culparlos, en realidad, el miedo no es algo tan malo, todo depende de cómo lo manejes: Tengo pánico a las alturas, hasta el punto de que me dan ataques de vértigo terribles donde parezco una peonza en cuanto me subo a un escalón que no tenga barandilla. Pero he subido a un décimo y he mirado por el balcón (que sí, agarrada a la barandilla o sentada en el suelo, pero he mirado!), me he montado en la montaña rusa (no era el Dragón Khan, pero era una montaña rusa), he subido a la noria (sentada, por supuesto), he caminado y escalado por montañas con una caída de más de 50 metros (pero no me he asomado, lógico) e incluso subí a la Torre Eiffel. Lo que quiero deciros con esto es que mi miedo nunca me ha impedido hacer lo que quería, por que mis ganas de hacer algo estaban por encima de lo que mi cuerpo o mi cerebro decía…

El problema con el que nos encontramos es que poco a poco nos han convertido en autómatas que deben “pasar por el aro” en aquello que se supone que debes hacer y no en cómo o en quién eres. Hubo una época en este país donde se fomentaba ser funcionario del Estado y allá que nos bombardeaban con propaganda para tener un “empleo estable”; luego llegaron las sucesivas crisis económicas (a ver si alguien aún se piensa que ésta es la primera) y decidieron que la única manera de sacarnos adelante no empieza por crear un empleo de calidad en el que los trabajadores estén contentos y por ello sean más eficientes en menos tiempo… NOOOOO, es en crear negocios y desarrollar ideas de la nada sin asesoramiento y con muy pocas o ningunas ayudas (como la moda de los ¿planes de pensiones? pues más o menos lo mismo, van cambiando según se les ocurra…)

¡¡¡ERROR!!!

¿Sabéis por qué? por que un emprendedor es algo muy distinto de un empresario, empresario puede ser cualquiera, emprendedor NO. Hace no mucho, cuando alguien te decía: ¿yo? yo no estudio ni trabajo, ¡soy emprendedor! literalmente te sonaba a ser un vago que no sabía ni lo que quería: ahora parece ser que con “tanta publicidad” se empieza a entender que un emprendedor no es alguien que no sabe qué hacer con su vida, sino todo lo contrario…

Pero el emprendimiento como tal se refiere a otras cosas, cosas que como decía antes, los españoles (y algunos cuántos más) han olvidado por el camino… El emprendimiento es un estado, un estado perpetuo de superación propia. Es una forma de trabajar, de salir adelante frente a un problema, de buscar soluciones y respuestas en vez de decaer y dejarse vencer… Todos llevamos un emprendedor dentro, todos nos enfrentamos a retos cada día y salimos victoriosos, todos tenemos que salir de nuestra zona de confort a diario para poder sobrevivir y eso no es una cualidad, es pura supervivencia.

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Sin embargo, como comentaba antes, desde pequeños se nos inculcan dos polos muy opuestos: por un lado “debes ser un EMPRENDEDOR” y por otro “debes PASAR POR EL ARO Y HACER LO QUE ES BIEN COMÚN PARA TODOS” ¿soy a la única a la que no le encaja?; quizás se deba a que para el sistema en el que nos encontramos: ser emprendedor es montarte la película tu solito sin ayudas de nadie y proveer al Estado del dinero que necesitan para “¡¿vete tú a saber qué?!”

Lo cierto es que debido a este caos, a veces, necesitamos una pequeña ayudita, un empujoncito, un par de claves que nosotros no podemos o queremos ver. ¡Y para eso nacieron los Coach!

(NOTA PARA LOS LECTORES: ¿Habéis visto que bien he hilado la cosa, voy mejorando, ¿¿¿eh????)

No se trata de que alguien le encuentre sentido a tu vida, sino que te ayude y te acompañe en el difícil camino de definirla y alcanzarla. Un buen coach sabe hasta donde presionarte, por que te conoce y ve lo que ni tu ni otros ven. Pero encontrar a alguien que sea realmente un coach y no que se llame a si mismo así es difícil, ¿verdad?refugees-1020258

No puedo hablaros de muchos por que no conozco a tantos, pero si puedo hablaros de Jorge Blanco, la persona que compartió con nosotros esas 10 horas. Quizás, por que no ha tenido una vida sencilla, es por lo que puede aportar un punto de vista diferente; quizás sea por que ha dado muchos tumbos y se ha caído más de mil veces hasta que no podía más (pero ahí está, de nuevo hacia delante)…

Pero cuando encuentras a alguien a quien le gusta tanto su trabajo y disfruta con ello, merece la pena dejarlo como recomendación para ocasiones futuras.

Escuela de liderazgo

 

www.escuelaliderazgo.es

Nos vemos en el siguiente post, te espero!